¿Alguna vez te has parado a pensar en la necesidad de enseñar a los niños a pensar por sí mismos para que sean personas con criterio?

Los humanos nacemos y entrenamos para aprender a pensar por naturaleza. Tenemos inteligencia y capacidad para ello. Pero, es necesario que entrenemos esa capacidad desde la infancia si queremos que nuestros hijos sean personas independientes, con criterio y con capacidad para saber qué es lo mejor y lo peor para ellos.

Y es que, vivimos en la época de la sobre estimulación, la sobre información y, sobre todo, de las fake news. El volumen de ofertas, información y posibilidades que tenemos ante nuestros ojos es cada día más impresionante y nos hace más difícil cualquier decisión. Y también es más sencillo que nos creamos cualquier información falsa y, por tanto, perjudiquemos nuestro bienestar físico, emocional y mental. Sin embargo, para contrarrestar esa información, para decidir qué es lo mejor para nosotros mismos y también para escoger entre diferentes opciones los seres humanos tenemos algo llamado pensamiento crítico. «Es la capacidad manifestada por el ser humano para analizar y evaluar la información existente respecto a un tema o determinado, intentando esclarecer la veracidad de dicha información y alcanzar una idea justificada al respecto ignorando posibles sesgos externos». Así lo definen desde la web especializada Psicología y Mente desde también dicen que este pensamiento es el que aplicamos para intentar discernir la realidad de lo que nos dicen y lo que nosotros percibimos a partir del análisis de los razonamientos empleados para explicarla. En otras palabras, es el pensamiento que utilizamos para razonar.

El pensamiento crítico y su conexión con la filosofía

Si pensamos en la palabra filosofía, probablemente nos vengan los pensamientos de los grandes filósofos a la cabeza. Pero lo cierto es que la filosofía es mucho más que eso. La UNESCO señala que «la educación filosófica favorece la apertura del espíritu, la responsabilidad cívica, la comprensión y la tolerancia en los individuos y grupos» y, además, «contribuye a la formación de ciudadanos al ejercitar su capacidad de juicio, elemento fundamental de toda democracia».

La filosofía nos hace dudar y hace que despertemos nuestra curiosidad. Esa que teníamos bien despierta en la infancia y que un día, de buenas a primeras, se durmió. Porque los niños son eso: pequeños filósofos en potencia, con su curiosidad infinita y sus ansias de saber que nos devuelven en forma de preguntas casi incontestables.

Y nosotros, como adultos, deberíamos tener el deber de alimentar esa curiosidad innata, para que nunca llegase a dormirse, para que aprendiesen a pensar críticamente desde la infancia y para toda la vida.

«El motivo personal por el que es bueno que un niño filosofee en la infancia es porque trabaja unas habilidades de pensamiento que les permite pensar mejor, que sean más autónomos, que piensen por sí mismos y que sea más difícil engañarlos», asegura Jordi Nomen. Él, precisamente, sabe bien de lo que habla: este profesor enseña cada día a pensar a sus alumnos por sí mismos desde Primaria en sus particulares clases de filosofía. Experiencia que le llevó a escribir el libro ‘El niño filósofo’ (Arpa Editores).

Además, de acuerdo a su opinión, el otro motivo por el que es bueno que los niños sepan pensar críticamente es porque sabrán evitar conflictos: sabrán ponerse en el lugar del otro y, además, aprenderán que puede haber diversidad de opiniones y que no todas tienen que estar a favor de la suya.

¿Cómo enseñar a pensar críticamente a los niños?

Uno de los mayores consejos que podemos daros es que alimentéis su curiosidad, como comentábamos anteriormente. Para ello necesitáis mucha paciencia y, sobre todo, mucho tiempo de calidad en familia. Olvidaros de las prisas, del móvil y de las obligaciones cuando estéis con vuestro hijo y si os formula uno de sus famosos ‘¿por qué?’, alimentad el debate con un ‘¿tú qué crees?’. Y seguid debatiendo con ellos, poniéndoos en su lugar y validando todas las respuestas que os den, explicando cuando no sea correcto.

Además, podéis recurrir a las rutinas de pensamiento creadas por David Perkins en la década de los 60. A través de ellas, el peque aprenderá que, a la hora de resolver un problema, no es importante la conclusión a la que lleguen, sino el camino recorrido para llegar hasta ella.

24 / 09 / 21