Design thinking: qué es, ejemplos y metodología

Mucho ha llovido desde que el arquitecto Walter Gropius decidiera sentar las bases de lo que hoy conocemos como Design Thinking, disciplina que utiliza herramientas del ámbito del diseño para poner solución a problemas complejos que no se popularizó hasta el año 2008. Ese año Tim Brown, un profesor de ingeniería, publicó en la Harvard Business Review un artículo en torno a este concepto que ha crecido a toda velocidad en los últimos tres lustros.

Tal ha sido el recorrido de la denominación, que se ha convertido en una disciplina capaz de influir en multitud de sectores. Desde la hostelería hasta el automóvil o la decoración del hogar pasando, por supuesto, por la tecnología. Incluso tiene un impacto cada vez mayor en la educación.

Lo que define este concepto tan asentado entre nosotros según el propio Brown es la utilización de la sensibilidad y los métodos de los diseñadores para hacer coincidir las necesidades de las personas con lo que es tecnológicamente factible. Se aporta así, a través del Design Thinking, un valor añadido que al mismo tiempo puede ser diferencial, ya sea para un negocio, una marca o, por qué no, un centro educativo, del que se benefician en última instancia las personas. Por este motivo tiene cada vez más recorrido en el aula.

Metodología Design Thinking

En el ámbito educativo, el Design Thinking es una metodología contemporánea que trata de adaptar la educación al contexto social que viven los alumnos. Estos no tienen las mismas necesidades ni tampoco comparten con sus padres sus inquietudes ni en la niñez ni en la adolescencia. Y tampoco son las mismas las oportunidades que tiene ante sí la educación.

La innovación ha llegado a las aulas de la mano de disciplinas en auge como la neurociencia y la tecnología. Ambas se han encontrado en un mismo contexto espacial y temporal, abriendo una puerta inmensa a la educación para acceder a una dimensión superior. Las nuevas metodologías beben de ambas disciplinas, y el Design Thinking no deja de ser una de ellas, ya que apuesta por la dotación a los alumnos de herramientas y recursos prácticos para su futuro.

Esto se traduce en cuestiones concretas que influyen en las nuevas formas de aprendizaje que demandan y requieren los estudiantes contemporáneos. Habilidades como la competencia digital o la creatividad son esenciales para esta metodología que sitúa al alumno en el centro de su aprendizaje y del aprendizaje de sus compañeros, puesto que una de las máximas del Designado Thinking en el aula es el desarrollo de habilidades sociales como la empatía o el emprendimiento. No en vano, los focus groups son una de las herramientas de las que se nutre el Design Thinking en el ámbito empresarial.

Ejemplos de Design Thinking en el aula

No es fácil llevar a ejemplos concretos la influencia de la metodología Design Thinking en el aula. Quizá el más ilustrativo sea la adaptación y evolución que ha provocado en el mobiliario de las aulas. Por ejemplo, en las pizarras y en los pupitres, ambos mucho más versátiles que los diseños tradicionales. Ya no es tan extraño, por ejemplo, ver bancos o escalinatas en las zonas comunes de los centros educativos que fomenten las relaciones sociales y la integración. Es el impacto del Design Thinking al mismo tiempo en la arquitectura y el diseño de mobiliario puesto al servicio de las personas que dan vida al centro educativo.

También se recurre al Design Thinking para el diseño y desarrollo de cursos virtuales online. Y en el aula, es un método del que beben numerosas actividades y dinámicas cada vez más implantadas en el aula. Entre otras, el trabajo cooperativo por proyectos. ¿Por qué? Porque se basa en las mismas fases que cualquier otro proyecto de Design Thinking. Esto es, una fase inicial de descubrimiento e investigación; otra de recolección y selección de la información además de su posterior interpretación; una tercera de ideación en la que se propongan ideas que resuelvan lo detectado en la primera fase; y una última de experimentación, seguimiento y evolución.

En la primera fase de este tipo de dinámicas en el aula, está puede ser transformada en un espacio inspirador. Por ejemplo, a través de la redistribución del espacio para facilitar el trabajo en grupo y donde compartir lo descubierto. Una vez definido en qué aspectos o ideas profundizar, la fase de la investigación consiste en recopilar información que debe ser acotada para detectar y generar una oportunidad concreta o una posibilidad de mejora. En ese contexto de espacio compartido y amable en el que se ha convertido el aula, los estudiantes proponen soluciones a la oportunidad detectada. Ideas que una vez concretadas y llevadas a la práctica, deben ser testadas y probadas para luego, en la medida de lo posible, ser mejoradas.

Este no deja de ser una de las múltiples alternativas en las que la metodología Design Thinking se puede aplicar en al aula de cualquier centro educativo que tenga como principio innegociable colocar al alumno en el centro de su propio proceso de aprendizaje, como es el caso de Agora Lledó International School.

22 / 07 / 22